Líderes con un ego narcisista
Las mejores reuniones de trabajo en las que he participado no son precisamente en las que una sola persona habló durante una hora mientras los demás escuchaban en silencio.
Me refiero a conversaciones abiertas, donde las ideas fluyen con libertad, las preguntas son bienvenidas y cada persona aporta algo que ayuda a construir una mejor decisión.
¿Qué pasa cuando sucede lo contrario?
Entras a una reunión convencido de que tienes una buena idea, mientras esperas tu turno para hablar, observas cómo el director responde todas las preguntas, corrige cada comentario y termina cada discusión antes de que realmente comience. De esta manera poco a poco decides guardar silencio, no porque tu idea haya dejado de ser buena, sino porque sientes que nadie quiere escucharla.
Eso ocurre con mucha más frecuencia de la que imaginamos.
Una investigación publicada en el Journal of Business & Industrial Marketing analizó a 496 gerentes pertenecientes a 248 pequeñas y medianas empresas con operaciones internacionales. Los resultados mostraron que el liderazgo estratégico, la digitalización y la capacidad del equipo para interpretar oportunidades favorecen el crecimiento empresarial. Sin embargo, cuando el director concentraba excesivamente las decisiones, buscaba admiración constante o mostraba rasgos de grandiosidad, la aportación del equipo disminuía de forma importante.
La reflexión que nos queda es que no basta con tener personas inteligentes en una empresa, estas también necesitan sentirse seguras para pensar en voz alta.
El talento es como una orquesta, puedes reunir a los mejores músicos del mundo, pero si un solo instrumento decide tocar más fuerte que todos los demás, la música desaparece. Lo que queda ya no es una sinfonía, sino un solo interminable.
Lo mismo sucede en las empresas, cuando todas las respuestas provienen de una sola persona, la organización pierde algo mucho más valioso que las opiniones de sus colaboradores. Pierde perspectivas, creatividad, innovación y pierde la capacidad de anticipar riesgos.
Tal vez estás viviendo en este escenario, el jefe hace una pregunta, todos saben la respuesta. Pero nadie habla. Al final, el propio jefe responde lo que quería escuchar desde el principio, mostrando ausencia total de liderazgo y un ego inflado.
Sales seguro o segura de que fue una oportunidad desperdiciada y lo peor es que el silencio no siempre significa acuerdo, a veces es simple resignación.
Con el tiempo ocurre algo aún más peligroso y es que las personas dejan de pensar. Esto no ocurre porque perdieron su capacidad, simplemente aprendieron que pensar ya no hace diferencia.
Es como intentar encender una lámpara una y otra vez y descubrir que nunca hay electricidad, llega el momento en que dejas de intentarlo.
Algo parecido sucede con las organizaciones, cuando las ideas nunca son escuchadas, dejan de nacer y ese es un costo que no muestran en los estados financieros, pero de seguro está ahí.
El coaching empresarial en todas sus formas tal y como yo lo concibo, podría convertirse en un verdadero punto de inflexión. Contrario a lo que muchos creen, el objetivo no es cambiar la personalidad del líder, sino ampliar su capacidad para escuchar, cuestionar sus propias certezas y construir espacios donde la inteligencia colectiva pueda expresarse.
Un proceso de coaching ayuda al director a desarrollar una habilidad poco común que consiste en sustituir la necesidad de tener siempre la razón por la curiosidad de descubrir una respuesta mejor. Esto te lo digo por experiencia, lo he aplicado en instituciones públicas y empresa privada por años y sé de lo que estoy hablando. En la práctica, esto puede traducirse en acciones sencillas pero profundamente transformadoras.
Los grandes líderes no son aquellos que tienen todas las respuestas, son quienes hacen las preguntas que permiten que aparezcan las mejores respuestas del equipo.
Porque el liderazgo hoy en día no consiste en demostrar cuánto sabes, de lo contrario, la IA podría hacer mejor trabajo que el líder. El liderazgo consiste en crear las condiciones para que el talento de los demás pueda florecer.
En una sesión de coaching empresarial es posible identificar los patrones que están limitando la inteligencia colectiva, fortalecer la comunicación, recuperar la confianza del equipo y construir un plan de acción que transforme la manera en que las personas colaboran y toman decisiones.
Porque cuando el ego deja de ocupar el centro de la mesa, el talento encuentra el espacio para hacer lo que mejor sabe hacer: crear, aportar y transformar.
Adrian Rojas
Master Business Coach
Especialista en la transformación de los sistemas y de la cultura organizacional.
info@catalystsystem.net
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