Aprendizaje transformacional en Costa Rica
Durante 2026, el Ministerio de Educación Pública de Costa Rica y la UNESCO desarrollan una nueva etapa del proyecto “Transformar futuros”, una iniciativa que acompaña a centros educativos de Alajuela y Guanacaste mediante una metodología de investigación-acción.
La propuesta parte de algo sencillo, pero profundamente educativo y consiste en que los estudiantes y docentes observen su entorno, identifiquen una necesidad de su comunidad, investiguen el problema, desarrollen posibles soluciones, de esta manera evalúan lo aprendido durante el proceso.
Hay cinco proyectos escolares para este año y entendemos que al finalizar 2026, compartirán sus resultados, avances y experiencias para que los aprendizajes puedan extenderse a otras instituciones educativas del país.
Quisiera invitarte a hacernos esta pregunta, en especial si eres educador o coach, o bien trabajas con nuevas generaciones, la pregunta es: ¿para qué estamos educando?
Durante mucho tiempo asociamos la evaluación con la capacidad de recordar información, responder correctamente un examen o demostrar que ciertos contenidos se comprenden. Sin embargo, ese modelo pierde fuerza en un contexto donde la Inteligencia Artificial forma parte del día a día: acceder a datos, organizar información o producir respuestas básicas resulta cada vez más sencillo. Esto no le quita valor al conocimiento; al contrario, lo vuelve más importante. Lo que cambia es la relación que las nuevas generaciones tienen con él. Saber ya no significa únicamente memorizar, sino comprender, cuestionar, aplicar y conectar lo aprendido con situaciones reales de la vida, del trabajo y del entorno.
En muchos sentidos, las nuevas generaciones tienen razón, ya que el conocimiento resulta insuficiente cuando la realidad exige algo más que repetir información. Hoy necesitamos observar, analizar, tomar decisiones, colaborar, experimentar, equivocarnos, ajustar el rumbo y producir una transformación concreta. Por ejemplo, en una empresa, no basta con que un líder conozca la teoría sobre comunicación efectiva; lo relevante es que pueda reconocer una conversación difícil, escuchar con apertura, hacer preguntas poderosas, ajustar su estilo y generar un acuerdo que mejore la relación y el desempeño del equipo.
Desde el coaching educativo y empresarial, el aprendizaje adquiere una dimensión diferente cuando la persona deja de ocupar únicamente el lugar de quien recibe conocimiento y comienza a reconocerse como alguien capaz de intervenir responsablemente en su realidad. En este sentido, la formación no funciona como una bodega donde se almacenan herramientas para usarlas algún día, sino como un taller vivo, un espacio real donde cada persona toma una herramienta, la prueba sobre un desafío real, observa el resultado, afina su técnica y vuelve a intentarlo con mayor conciencia. Por eso este experimento social que se desarrolla en Costa Rica puede ser una señal valiosa para pensar la eficiencia laboral del futuro.
El estudiante ya no está enfocado en lo que tiene que aprender. Comienza a preguntarse: “¿Qué puedo hacer con lo que está aprendiendo?”
Esa segunda pregunta cambia la relación con el conocimiento porque incorpora propósito, responsabilidad y acción. También obliga a desarrollar competencias que difícilmente pueden observarse mediante una evaluación tradicional, a esto llamamos pensamiento crítico, autonomía, capacidad de escuchar otras perspectivas, toma de decisiones, colaboración, perseverancia y reflexión sobre los propios resultados.
Esta metodología ha estado muy presente de manera muy concreta en la formación profesional que es parte de lo que hacemos en Catalyst System Consulting y Eleader.
Cada participante comienza identificando un problema real de su entorno laboral o profesional, es decir, una situación concreta sobre la que puede influir y aprender mientras actúa. Por ejemplo, puede detectar que las reuniones de su equipo se extienden demasiado y terminan sin acuerdos claros. A partir de esa observación, analiza qué está ocurriendo, conversa con las personas involucradas, revisa cómo se toman las decisiones y propone una acción pequeña de mejora, como definir una agenda previa, asignar responsables y cerrar cada reunión con compromisos verificables. De esta forma, el aprendizaje deja de ser una idea abstracta y se convierte en una práctica que mejora el trabajo cotidiano.
A partir de ahí, el proceso puede estructurarse en cuatro movimientos:
Observar. Definir con claridad qué está ocurriendo, evitando confundir percepciones personales con hechos.
Investigar. Recopilar evidencia: conversaciones, indicadores, comportamientos observables, datos o retroalimentación de las personas involucradas.
Intervenir. Diseñar una acción pequeña y viable que permita poner a prueba una alternativa de mejora.
Reflexionar y evaluar. Analizar qué cambió, qué no funcionó, qué se aprendió y cuál debería ser el siguiente paso.
De esta manera, si volvemos a pensar en el coaching educativo, la evaluación deja de limitarse a comprobar cuánto recuerda una persona y comienza a revelar algo mucho más significativo que consiste en demostrar de que es capaz de hacer con aquello que aprendió.
Tal vez uno de los mayores desafíos de la educación contemporánea sea precisamente ese constante pasar de transmitir conocimientos para algún día utilizarlos, a crear experiencias en las que el conocimiento encuentre una aplicación real mientras se aprende.
El aprendizaje alcanza otra profundidad cuando esa idea modifica nuestra manera de observar, decidir y actuar sobre la realidad.
Fuente: UNESCO y Ministerio de Educación Pública de Costa Rica. Proyecto MEP-UNESCO inicia nueva etapa para fortalecer la Educación para el Desarrollo Sostenible en centros educativos. 6 de agosto de 2026.
Consultar publicación oficial de UNESCO
Adrian Rojas
Master Business Coach
info@catalystsystem.net